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El retiro de un grande

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Mañana Fede Castilla jugará su último partido en la Primera de Los Tilos. Se retira después de 20 años de haber debutado en 2005, cerrando una etapa que deja una huella enorme en la historia del club. A lo largo de estas dos décadas, Fede fue mucho más que un gran jugador —que lo es, y sin dudas uno de los mejores que ha dado el club en los últimos años—. Fue un ejemplo de compromiso, de amor por la camiseta y de generosidad con los demás. Jugó descensos, campeonatos, ascensos, y en todos los momentos, buenos y malos, siempre puso al club por delante de todo. Fue capitán durante dos temporadas, pero en realidad lo fue siempre. Porque Fede no necesitaba la cinta para liderar: lo hacía con el ejemplo, con la palabra justa, con la presencia. Y no fue sólo capitán de Primera: fue capitán y referente de todo el Plantel Superior, algo mucho más difícil y valioso. Conocía a cada jugador, no sólo de Primera e Intermedia, sino de todas las divisiones que integraban el Plantel.  Atraviesa ge...

El Bar LT.com, la movida tilense de los sábados a la noche en los primeros años 2000

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 A comienzos de los años 2000, mientras el país transitaba tiempos difíciles, Los Tilos encontraba en su club un refugio de encuentro y alegría. El buffet se transformaba en un espacio central de la vida social: después de cada partido o entrenamiento, siempre había un cono de papas, un nuevo menú pensado para los terceros tiempos, y sobre todo la sensación de comunidad. En ese contexto nació el “Bar LT.com”, cuyo nombre y escudo se inspiraron en el programa televisivo BarTV.com, muy popular en aquel momento. Más allá de la parodia, el objetivo era simple: tener un espacio propio para reunirse los fines de semana, compartir las previas y prolongar la vida del club más allá de los entrenamientos y los partidos. El encargado de darle forma y vida los sábados por la noche era Emiliano Cladera, “el Moja”, que en ese entonces tenía apenas 20 años. Él mismo recuerda: “En el 2001 yo tenía 20 años. Me había recibido de Cocinero Profesional en el IAG y estudiaba Diseño Gráfico. De ahí viene...

M-23 Campeona 2019 – Una historia silenciosa, pero gigante

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  En 2019, mientras el plantel superior de Los Tilos disputaba el torneo de Primera A de la URBA, hubo un equipo que escribió una historia silenciosa, pero gigante: la M-23. Una división que vive en una especie de limbo entre el rugby juvenil y el plantel superior, y que ese año, contra todo pronóstico, se consagró campeona del Top 12 enfrentando a los mejores clubes del rugby de Buenos Aires. La M-23 es una categoría que no todos los clubes tienen. De hecho, muy pocos la sostienen. En Los Tilos, ese año, el equipo estuvo formado por jugadores de las camadas 97, 98 y 99. Y no solo compitió: salió campeón. Una de las particularidades de la M-23 es que muchas veces se ve atravesada por movimientos constantes: jugadores que son convocados para jugar en Intermedia o Primera, otros que alternan entre varias divisiones, y la lógica fluctuación de un equipo que vive de esa transición. A eso, en 2019, se le sumaba una dificultad extra: la M-23 no podía compartir calendario con el resto...

No es solo Primera, siempre es el club

  No siempre importa hasta dónde se llega. A veces, lo que realmente deja huella es el camino. Lo que se vive mientras uno va detrás de un objetivo. Las amistades que se construyen, los viajes, las anécdotas, las risas después del entrenamiento, los abrazos después de una derrota . En Los Tilos hay muchos que no jugaron en Primera. Pero estuvieron, están y siguen estando. Y eso, para nosotros, también es llegar. Cachete Leonard, por ejemplo, llegó al club en septiembre de 2012. Dudaba si arrancar rugby, no estaba convencido. Pero unos amigos de sus viejos lo invitaron y se animó. “Ese ‘vamos a ver qué onda’ se transformó en un ‘voy siempre al club’”, cuenta. Lo marcó la gira a Sudáfrica, los entrenamientos con los chicos de la 98, las risas, el buen clima. “Siempre me hicieron sentir parte, me ayudaron a adaptarme. Eso fue clave para quedarme”. Algo parecido le pasó a Nico Ronga, que conoció el club a los 4 años, volvió a los 10… y no se fue más. Su camada no fue buena deportivamen...

Los que están siempre

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Hay una parte del club que no sale en las fotos. Que no mete tries, ni taclea, ni empuja en un scrum. Pero que está. Siempre está. Son los que llegan antes y se van después. Los que saben qué talle usa cada uno, cuántas botellas hacen falta, quién firmó la planilla y quién se olvidó el short. Son los managers. Algunos llegaron al club por el rugby, otros por sus hijos. Guille, por ejemplo, llegó allá por 2009, de la mano de su hijo Gianluca, que jugaba al básquet y decidió probar con el rugby. “Era otro club en aquellos tiempos, mucho menos desarrollado, con muchos menos metros construidos, pero tenía algo especial”, cuenta. “Un club de barrio, como el de mi infancia. A pesar de que no éramos una familia de rugby, el club y su gente nos recibieron como si nos conocieran de toda la vida”. Muchos, como él, primero fueron padres, luego hinchas, y en algún momento se pusieron la camiseta de manager. “Fui papá-hincha de la 98 durante las infantiles y todas las juveniles. Siempre colaboré co...

Pre B 2017: la semilla de un sueño

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El 2017 quedará en la memoria del club no solo por lo que se logró, sino por cómo se logró. En ese año, la Preintermedia B se consagró campeona del torneo de Primera A de la URBA. Puede sonar menor, pero no lo fue. Porque esa Pre B, en ese momento, era el último escalón del plantel superior. Lejos de lo que vemos hoy, con una Pre F consolidada y estructuras más sólidas, en aquel entonces armar la Pre B era casi una odisea. No era un equipo. Era lo que se podía. Hasta que llegaron Eduardo “Ñoqui” Valiente y Hernán “Pavi” Pavía. Dos entrenadores que no prometieron milagros, pero sí algo muy concreto: que los jueves, el equipo se diera junto a la Primera, la Inter y la Pre A. Ese gesto, simple pero potente, fue el primer paso para construir identidad. Para dejar de ser un rejunte y empezar a ser un equipo. Para que nadie más se sintiera “de descarte”. “El primer contacto con la Pre B fue particular. Nos encontramos con un equipo muy disperso, que arrastraba una lógica de poca seriedad. Lo...

Un sábado distinto en Palermo

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Si alguien piensa en ir un sábado a los bosques de Palermo, probablemente imagine una tarde tranquila entre árboles, gente corriendo, mates compartidos sobre el pasto o chicos jugando. Pero nada de eso ocurrió el 30 de octubre de 2005. Esa tarde, en el club GEBA, se vivió una jornada de rugby con el dramatismo de una película y la intensidad emocional de una final, aunque no se jugaba por un título: se jugaba por algo más difícil de definir, pero mucho más profundo. Se jugaba por la permanencia. El torneo en esos años tenía un formato distinto. Más equipos en Primera, una parte inicial del año dividida en zonas y una clasificación: los mejores pasaban a la zona campeonato, conocida luego como el Top 14/12, y los demás debían pelear por la permanencia en una temida reubicación contra los mejores de Segunda. En ese escenario, Los Tilos llegó a la última fecha con la soga al cuello: no alcanzaba con ganar, había que ganar con punto bonus... y esperar. “El 2005 fue muy especial, de princip...