El Bar LT.com, la movida tilense de los sábados a la noche en los primeros años 2000


 A comienzos de los años 2000, mientras el país transitaba tiempos difíciles, Los Tilos encontraba en su club un refugio de encuentro y alegría. El buffet se transformaba en un espacio central de la vida social: después de cada partido o entrenamiento, siempre había un cono de papas, un nuevo menú pensado para los terceros tiempos, y sobre todo la sensación de comunidad.

En ese contexto nació el “Bar LT.com”, cuyo nombre y escudo se inspiraron en el programa televisivo BarTV.com, muy popular en aquel momento. Más allá de la parodia, el objetivo era simple: tener un espacio propio para reunirse los fines de semana, compartir las previas y prolongar la vida del club más allá de los entrenamientos y los partidos.

El encargado de darle forma y vida los sábados por la noche era Emiliano Cladera, “el Moja”, que en ese entonces tenía apenas 20 años. Él mismo recuerda:

“En el 2001 yo tenía 20 años. Me había recibido de Cocinero Profesional en el IAG y estudiaba Diseño Gráfico. De ahí viene la creación —o copia— del nombre y logo para el Bar, hecho con el Word. De chico me acerqué al club, impulsado por mi primo Iván Cladera. Recuerdo que lo que más me gustaba de ir era, y aún hoy lo es, el cono de papas del buffet. Nada mejor que llegar antes a entrenar y ‘merendarse’ uno”.

Los Tilos de entonces era un club distinto: más chico, con menos gente y con una infraestructura todavía en desarrollo. Sin embargo, esa aparente limitación se transformaba en virtud, porque el club se vivía de manera más íntima, como una gran casa común donde todo pasaba puertas adentro.

Eran buenos años para Los Tilos. No solo por lo deportivo, sino porque el club era también un espacio de pertenencia, donde los jóvenes tenían su lugar para encontrarse, para hacer planes, para crecer juntos. La cerveza costaba dos pesos, en la radio sonaban Ráfaga, Los Piojos o Turf, y la vida giraba alrededor del club. El BAR era la referencia de cada fin de semana, y allí se mezclaban generaciones, amigos y familias. Esa costumbre de usar el club como punto de reunión, de darle vida más allá de la pelota, es una tradición que perdura hasta hoy y que sigue marcando la identidad tilense.

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