JORGE CÁCERES: DE LA RAÍZ AL CORAZÓN DEL CLUB
Hay personas que caminan por el club como si fueran parte de sus canchas. Que están tan ligadas a su historia, a su gente, a su vida diaria, que cuesta imaginar una escena sin ellos. Jorge Cáceres es una de esas personas. Hijo de presidente, padre de jugadores, entrenador de todas las categorías, y sobre todo, parte del club y de su paisaje. De esos que no necesitan credenciales para demostrar el amor por Los Tilos.
Desde chico, Jorge fue parte del club. Jugador desde joven, empezó a vivir este deporte con una intensidad y una entrega que no se le fue nunca más. Y esa forma de sentir el rugby, la fue transmitiendo durante décadas desde donde le tocara estar: ya sea en la cancha, en una gira, en una reunión o, como tantas veces, en los asados de su casa con jugadores y entrenadores mezclados, buscando siempre unir.
Jorge no es de los que pasan desapercibidos. Exigente, serio, de palabra firme y mirada penetrante. Pero también cercano, afectuoso, presente. “Bancaba a los suyos a muerte”, recuerda uno de sus exdirigidos, Capocha. Lo describe como un fanático del rugby, un obsesivo del análisis, pero sobre todo como alguien que se ponía siempre del lado del equipo. Incluso en una gira en M15, cuando su jugador, siendo capitán, rompió en llanto tras una derrota. Jorge se paró frente al grupo y lloró con él. “Nunca lo vi tan claro como ese día”, dice.
Ese equilibrio entre dureza y afecto, entre la exigencia y el abrazo, es lo que marcó a muchos. Matías Chain, ya más grande, hoy lo considera un amigo. Pero recuerda con nitidez cuando Jorge, sin vueltas, lo dejó afuera de una semifinal. Estuvo un tiempo sin hablarle. Hoy, con la distancia que da el tiempo, agradece esa frontalidad. “Fue el entrenador que más me marcó”, dice. Y no es un dato menor que a quien eligió para contarle que iba a ser papá, fue a él.
Porque Jorge no solo entrenó, también formó. Y eso es algo que sus hijos repiten una y otra vez. Joaquin, Matías, Manuel y Pilar crecieron en el club, lo vivieron desde adentro, contagiados por ese compromiso incondicional que les transmitió su papá. “Estuvimos más tiempo en el club que en casa durante muchos años”, dice Coco. “Nos enseñó que el club está por encima de todos y que hay que dar”, completa Matías.
Hay algo que Jorge supo construir a lo largo del tiempo que va más allá de los resultados: un espacio de confianza, entrega y pertenencia. Su casa, muchas veces, fue una extensión del club. Asados después de los partidos, noches largas hablando de rugby, familias mezcladas, generaciones unidas por una misma pasión. Esa forma de vivir Los Tilos caló hondo no solo en sus hijos, sino también en tantos jugadores que pasaron por sus equipos y sintieron que allí no solo se jugaba: se aprendía, se crecía, se vivía con intensidad y afecto. Coco lo recuerda bien: los análisis minuciosos de cada partido, el empeño por entender al rival, pero también por lograr que todos se divirtieran. Porque Jorge cree en el juego, incluso cuando aprieta, cuando duele, cuando enseña.
Campeón con la M21 en 1997. Campeón de la Reubicación en 2015. Pero más allá de los logros, lo importante es que Jorge siempre estuvo. Con frío, con lluvia, como entrenador o como papá, con sus hijos, con su mujer, con su gente. Nunca dejó de estar. Siempre un paso adelante, pero sin necesidad de protagonismo. Poniendo el hombro, con convicción, con pasión. Porque para Jorge, como dijo uno de sus hijos, “el club es su máxima pasión junto a la familia”.
Tal vez por eso hoy sigue tan presente. Porque su historia no está escrita solo en los campeonatos, sino en los gestos cotidianos: en la mirada al que recién empieza, en la charla breve con un viejo amigo, en el consejo justo, en la sonrisa silenciosa cuando ve jugar a los que él entrenó. Su legado no tiene fecha de vencimiento. Es una forma de estar, de enseñar, de querer al club. Y por eso, como dice Matías, Los Tilos es para Jorge algo tan grande como la familia. O tal vez, lo mismo.
Hoy sigue caminando el club como siempre: saluda, mira rugby, acompaña, aconseja, está. Los fines de semana son sinónimo de Los Tilos para él y los suyos. Y los Caceres son sinónimo de Los Tilos.
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Amigo entrañable de toda la vida. Excelente y justo articulo de una institucion en el club.
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